EL CANTO MOZÁRABE O HISPÁNICO

Se conoce como canto mozárabe (aunque una denominación más precisa sería visigótico o hispánico) a la expresión musical asociada a la liturgia hispánica, propia de la Iglesia visigoda española y que pervive hasta nuestros días.

Características musicales:

El canto hispánico es un canto monódico, de género diatónico y ritmo libre.

  • Es canto, porque es música esencialmente vocal, es decir, los instrumentos musicales pueden acompañarlo, pero no interpretar la melodía. Los instrumentos que lo acompañaban siguen la pauta trazada en el Salmo 150, 3-6: “Laudate eum in sono tubae, laudate eum in psalterio et cithara, laudate eum in tympano et choro, laudate eum in chordis et órgano, laudate eum in cymbalis benesonantibus, laudate eum in cymbalis iubilationis, omne quod spirat, laudet Dominum. Alleluia”. Y se pueden deducir sus formas de las miniaturas de los beatos y de las representaciones de la escultura románica.
  • Es monódico, porque se desarrolla en una sola línea melódica, aunque, como los otros cantos litúrgicos cristianos, puedan interpretarse con desarrollos en paralelo en quinta descendente, cuarta ascendente y octava, según la tesitura de quien lo cante.
  • Es diatónico, porque no permite cromatismos en su constitución, es decir, se construye en escalas formadas por tonos y semitonos fijados estos en los intervalos mi-fa y si-do’.
  • Es de ritmo libre porque, a diferencia de la música figurada, no se da una sucesión matemática de partes fuertes y débiles sometidas a un compás prefijado, es decir: ‘libre’ equivale a ‘no medido’. En el canto hispánico es el arranque inicial (llamado arsis) seguido de un reposo final (llamado thesis) lo que forma la célula rítmica fundamental. Así, es un ritmo en el que existe una desigualdad cuantitativa de duración entre los elementos que componen la melodía, con vuelta libre, no isócrona al tiempo primero, de tal manera que se establece una sucesión variable de tiempos binarios y ternarios.

Además, como el resto de los sistemas musicales diatónicos, tiene una estructuración modal, heredera de la música greco-romana.

 

Formas musicales raras

Como en todos los cantos litúrgicos, las formas musicales, desde el punto de vista literario, dependen directamente del tipo de estrofa, situación y contenido de los textos en los diversos actos litúrgicos, desde la Misa al rezo comunitario en el oficio divino. Desde este planteamiento se pueden distinguir las siguientes:

  • Ad accedentes: era un canto propio del rito hispano que se cantaba en la misa, mientras el celebrante y el pueblo comulgaban. Es un canto responsorial análogo a la Antífona de Comunión del rito romano. Los versículos están tomados de los Evangelios.
  • Ad pacem: en la liturgia católica, la oración Ad Pacem o Pax Domini es aquélla que el sacerdote reza para introducir las aclamaciones del Agnus Dei y a la que precede inmediatamente la transmisión del ósculo de la paz entre los clérigos (en el Misal del Beato Juan XXIII) o el saludo de la paz entre los fieles que sigue, si al sacerdote o diácono le parece apropiado, a la admonición “Offerte vobis pacem” (en el Misal de Pablo VI). Se trata de una invitación para que los fieles se den el saludo o beso de paz.
  • Ad Sanctus: Responsorio que introduce el Sanctus.
  • AgiosAgios, Graecum, Trisagio, o Agios o Theos, primeras palabras de una doxología propia de la liturgia cristiana, común a casi todas las tradiciones litúrgicas antiguas, que canta en triple alabanza la Santidad, la Fuerza y la Inmortalidad de Dios. Su texto transcrito del griego, según el Liber usualis, es: “Agios O Theos/Agios Iskyros/Agios Athanatos, eleison imas”. Que en español puede traducirse como: “Santo Dios,/Santo Fuerte,/Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros”. En la Liturgia romana se canta en forma de responsorio, con dos coros alternos, en los Oficios del Viernes Santo, durante el descubrimiento de la Cruz, tras cada uno de los Improperios. En esta liturgia el primer coro canta uno de los versos en griego, y es respondido por el segundo con el mismo verso en latín. Sin embargo, otras liturgias católicas siguen entonándolo solo con el texto griego, como es el caso de la Liturgia hispánica, que lo introduce tras el Sancta Sanctis. La primera noticia segura que se tiene de su uso es durante el Concilio de Calcedonia (451), donde los Padres que acudieron lo utilizaron como aclamación al finalizar las sesiones.
  • Alleluia: En todas las liturgias cristianas el aleluya tiene forma antifonal, cantándose esta expresión, muy adornada con melismas, entre versículo y versículo del salmo u oración. De forma más sencilla, muchas piezas terminan simplificándose a la aclamación, un verso y, de nuevo, la aclamación, siguiendo la siguiente estructura: “Aleluya + Verso + Aleluya”. Un ejemplo es el Aleluya de Pascua, que se canta en la solemnidad de la Resurrección del Señor: “(A) Alleluia./(B) Pascha nostrum inmolatus est, Christus/(A) Alleluia”.
  • Alleluiaticum: es una forma específica de antífona propia de la liturgia hispánica y que se caracteriza porque puede aparecer el Alleluia en cualquier posición de la pieza.
  • Apostolus.
  • Benedictiones: Canto propio de la Liturgia hispánica y que se interpreta en las Misas solemnes y en las fiestas de los mártires. Suele estar construido en forma salmodial, aunque muy adornado y su texto hace referencia al Trium puerorum del libro de Daniel.
  • Clamores: Canto propio de la Liturgia hispánica que se cantaban después del Psallendum en algunas solemnidades, formando un todo con él. Constaba de una primera sección que concluía con la aclamación Deo gratias y un versículo. Después se repetía el estribillo del Psallendum. La aclamación Deo gratias la hacía el pueblo siempre con la misma música, por lo que habitualmente se obvia la notación en los códices. A veces, incluso de suprime el verso entero.
  • Credo: El Credo se recita en el rito mozárabe después de la consagración y antes del Padre nuestro. Antes de su aparición en cualquier otra liturgia occidental, lo insertó en la misa mozárabe o hispana el Tercer Concilio de Toledo en 589, a imitación de lo que se hacía en el oriente y “con la función precisa de preparar los fieles a la comunión … para que la comunidad cristiana se uniese a Cristo, en la oración y en la comunión sacramental, habiendo confirmado su fe en la plena divinidad del mismo, Dios igual al Padre, según la doctrina de la Iglesia católica. ” Como en el rito bizantino, el Credo se dice en todas las misas y no está reservado, como en el rito romano, a los domingos y fiestas más solemnes. El texto en latín dice así: “Credimus in unum Deum Patrem omnipotentem, visibilium omnium et invisibilium Conditorem. Et in unum Dominum nostrum Iesum Christum, Filium Dei Unigénitum, et ex Patre natum ante omnia sæcula. Deum ex Deo, Lumen ex Lumine. Deum verum ex Deo vero, natum non factum, Omousion Patri, hoc est, eiusdem cum Patre substantiae, Per quem omnia facta sunt, quae in cælo, et quae in terra. Qui propter nos homines, et propter nostram salutem, descendit de caelis, et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo factus est. Passus sub Pontio Pilato, sepultus, tertia die resurrexit, ascendit ad cælos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis. Inde venturus est iudicare vivos et mortuos, cuius regni non erit finis. Et in Spiritum Sanctum, Dominum vivificatorem, et ex Patre et Filio procedentem. Cum Patre et Filio adorandum et conglorificandum. Qui locutus est per prophetas. Et unam, sanctam, Catholicam et Apostolicam Ecclesiam. Confitemur unum baptisma in remissionem peccatorum. Expectamus resurrectionem mortuorum et vitam venturi sæculi. Amen”. (Creemos en un solo Dios Padre todopoderoso, hacedor del cielo y de la tierra, creador de todo lo visible y lo invisible. Y en un solo Señor nuestro Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, nacido, no hecho, omoúsion con el Padre, es decir, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho, en el cielo y en la tierra. Que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
    padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue sepultado, resucitó al tercer día, subió al cielo, está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de la vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo ha de ser adorado y glorificado, y que habló por los profetas. Y en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica. Confesamos que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados, esperamos la resurrección de los muertos, y la vida del mundo futuro. Amén.).
  • Doxología: El término “doxología” se usa para indicar la propiedad de dar gloria a Dios que debe tener el lenguaje teológico para ser auténtico. En cuanto a la liturgia, indica la oración de alabanza dirigida al Dios de los cristianos. En la misa, la Gran doxología es el himno del Gloria, un himno con el que la Iglesia Católica ensalza a la Santísima Trinidad. También hay doxologías menores, como aquella con la que la oración eucarística se cierra: «Por Cristo, con él y en él…», con la que se expresa solemnemente la glorificación de Dios. En la misa está también la doxología «Líbranos, Señor… », que sigue al Padrenuestro. En la liturgia de las horas, el himno concluye con la doxología que suele dirigirse a la persona divina en cuyo honor se canta («Que alegria cuando me dijeron vamos a la casa del señor.», «Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, etc.»). Al final de cada salmo se recita la doxología Gloria Patri. Esta tradición cristiana se deriva de una práctica similar de las sinagogas judías.
  • Evangelium: es una forma de llamar a la lectio o lectura de los evangelios en la misa del Rito hispánico. Esta lectura normalmente la realizaba el celebrante.
  • Gloria in excelsis: llamado también doxología mayor, es un himno litúrgico, habitualmente cantado en forma silábica o semi-silábica, que forma parte de las piezas obligatorias del ordinario de la misa, tanto en las liturgias católicas como ortodoxas. El Gloria es un himno antiquísimo y venerable con el que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y glorifica y le suplica al Cordero. En la Misa católica, el Gloria es iniciado después del Kyrie Eleison y antes de la oración colecta. El texto de este himno no puede cambiarse por otro. Lo inicia el sacerdote o, según las circunstancias, el cantor o el coro, y en cambio, es cantado simultáneamente por todos, o por el pueblo alternando con los cantores, o por los mismos cantores. Si no se canta, lo dirán en voz alta todos simultáneamente, o en dos coros que se responden el uno al otro. Se canta o se dice en voz alta los domingos fuera de los tiempos de Adviento y de Cuaresma, en las solemnidades y en las fiestas, y en algunas celebraciones peculiares más solemnes. El primer papa que introduce este himno en la Liturgia fue el papa Telesforo (128–139?) -quien la incluye en el Ordinario de la fiesta de Navidad- y, luego, Símaco (498–514) -que lo generalizó para todas las celebraciones dominicales-. Al inicio, su rezo estaba reservado solo a los sacerdotes en la Pascua, pero a fines del siglo XI los celebrantes comenzaron a obtener los permisos para cantar el Gloria en todas sus celebraciones festivas. Aun así, nunca se rezó en las fiestas durante del Adviento hasta la Misa de Navidad. Durante la Edad Media fueron compuestos muchos Glorias ampliados con glosas y nuevos versos. La versión adaptada para la fiestas de la Santísima Virgen María, que aparece en el Misal Sarum, fue usado en toda Europa, y, aunque estas interpolaciones fueron prohibidas repetidamente, siguió interpretándose, al menos, hasta 1570. Las estrofas están ordenadas en pareados, que tienen un ritmo muy marcado, mucho más claro en el original griego que en la versión latina. Texto en latín: “Gloria in excelsis Deo, et in terra pax hominibus bonae voluntatis. Laudamus te, Benedicimus te, Adoramus te, Glorificamus te, Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam, Domine Deus, Rex caelestis, Deus Pater omnipotens. Domine fili unigenite, Iesu Christe, Domine Deus, Agnus Dei, Filius patris, Qui tollis peccata mundi, miserere nobis. Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram. Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis. Quoniam tu solus sanctus, Tu solus Dominus, Tu solus Altissimus, Iesu Christe, Cum Sancto Spiritu in gloria Dei Patris. Amen”. (Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres de buena voluntad. Por tu inmensa gloria, Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor Hijo Único, Jesucristo.Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras súplicas, Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros, porque solo Tú eres Santo, solo Tú, Señor, solo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios Padre. Amén.).
  • Graecum: lo mismo que el Agios.
  • Himno.
  • Laudes: es una de las dos horas mayores junto con las Vísperas para la Iglesia católica en el rito denominado Liturgia de las Horas. El significado en latín (laudare) quiere decir alabar, e indica la finalidad principal de esta hora, cuyo propósito es dar gracias a Dios al comienzo del día. También en las iglesias de tradición griega se rezan las laudes y las vísperas. Toda su temática alude al despertar y a su equivalencia simbólica con la resurrección. El horario habitual en las comunidades religiosas es las 07:00 de la mañana, aunque, naturalmente, se debe adaptar al propio ritmo de vida: lo normal es entre 06:00 y 10:00 hs. Cuando Laudes es la primera oración litúrgica de la mañana se puede agregar el salmo Invitatorio antes del himno.
  • Lectio: La lectio es la forma de recitar las lecturas de las Sagradas Escrituras en las diversas liturgias cristianas y judías. Se realiza en forma casi recitada sobre una nota principal otenor, y a la que se añaden cadencias similares a las de la salmodia para indicar la acentuación de las palabras finales de cada hemistiquio de versículo, o para marcar la puntuación. La estructura del recitado proviene de su estructura textual y litúrgica, y consta de tres partes: Entonación (Initium). Fórmula que indica la lectura que se va a realizar y que introduce la nota de la cuerda recitativa. Sigue la fórmula Lectio Libri Genesi (Lectura del libro del Génesis). Este inciso consta de varias notas silabeadas, correspondientes a la tenor y una cadencia de terminación. Tenor (nota dominante de la cuerda recitativa). A partir de esta nota fundamental se organizan las diversas cadencias, variantes de tono para indicar acentuación al final de cada hemistiquio o puntuación. Cadencias. Pueden ser de un acento (en cuya fórmula melódica se adapta el último acento principal o secundario) o de dos (en cuya fórmula melódica se adaptan los dos últimos acentos principales o secundarios). Cada cadencia puede llevar una o varias notas preparatorias que se desvían de la tónica. [Flexa (en el primer hemistiquio). Es una cadencia siempre de un tono descendente -salvo cuando la tenor está inmediatamente sobre el semitono, y es de tono y medio- y siempre de un acento. Al cantarla, siempre ha de hacerse una pausa, o considerar la última nota larga. Mediante (al medio del versículo, mediatio). Puede ser de un acento o de dos. Terminación (al final del mismo, terminatio). Puede ser de un acento o de dos.] Despedida. Tiene la misma formulación que el Initium y es respundido por el coro o el pueblo con una fórmula musical correspondiente. Para las lecturas del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, se dice: “Verbum Dei (Palabra de Dios) Deo gratias (Demos gracias a Dios)”. Para las lecturas del Evangelio: “Verbum Domini (Palabra del Señor) Laus tibi Christe (Gloria a Ti, Señor Jesús)”.
  • Missa’: En la liturgia hispánica, una colección de tres salmos con sus respectivas antífonas y oraciones, que se cantaban en el oficio divino.
  • Oratio admonitionis: es la exhortación que el sacerdote celebrante efectúa al final del Ofertorio de la Misa, y por la que llama a los fieles a la plegaria.
  • Pater Noster.
  • Preces: Las Preces o Preca son cantos propios de la Misa hispánica, que solo se recitaban en la Cuaresma con un carácter penitencial. Tenían forma litánica, a la que se respondía con una pequeña aclamación (habitualmente, miserere nobis). También se refiere a la peticiones que hace el pueblo durante la Santa Misa, a cada “prez” terminada el lector dice: “Roguemos al Señor”. A lo que los fieles contestan: “Te rogamos, oyenos”. También aparecen en laudes y vísperas.
  • Prelegendum: es una antífona, una forma musical de carácter neumático o medianamente adornada, propia de la liturgia hispánica, y que corresponde al introito del rito romano.
  • Psallendum: Salmo responsorial de la Liturgia hispánica, correspondiente al Gradual de la Romana. Suele ir muy adornado con largos y complicados melismas. En los ejemplos más antiguos el psallendum tiene una estructura responsorial, como lo tiene el gradual primitivo en el canto gregoriano: el lector incoa la respuesta que el pueblo o el coro va a repetir, a lo que el pueblo o el coro responden con la repetición. La estructura melódica sigue una línea modal que comienza con un íncipit a una quinta o cuarta bajo el tenor melódico, sobre el que se silabea el resto del versículo. Si el texto es largo y se divide en varios hemistiquios, aparece una flexa entre ellos, y, al final, una cadencia que vuelve a bajar a la quinta o cuarta inicial. A continuación, el cantor continúa con el siguiente versículo del salmo, al que vuelve a responder el pueblo o el coro con el versículo inicial. Estos versículos cantados en solitario por el cantor o lector son los que, poco a poco, van adquiriendo adornos: largos melismas para el lucimiento del intérprete, que se desarrollan sobre las sílabas largas. Ya en época mozárabe, el psallendum es cantado seguido por cantor y coro, sin respueta del pueblo, perdiendo así su estructura responsorial.
  • Repletum o Refecti: Canto propio de la Liturgia hispánica que se cantaba en la Misa, después de la comunión. Según la Tradición A se interpretaba siempre el canto Repletum est gaudio, y, según la Tradición B, el Refecti tibi. Los dos son piezas muy sencillas, y el segundo aparece recogido en el Misal de Cisneros.
  • Responsorium: El Responsorio es un tipo de canto litúrgico de tipo salmódico en la cual la entonación de los versículos por un solista o grupo de lectores-cantores es respondida por los asistentes con una breve vocalización (el responsorio propiamente dicho). Este responsum se plantea como un eco reiterativo, el cual usualmente deriva del último sonido del último inciso dejado por el o los solistas. El canto responsorial tiene origen en la tradición sinagogal judía y es la forma de canto más antigua de la Iglesia. Tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II se establecieron dos variantes: El salmo responsorial, que se canta en la Misa tras la primera lectura. El “responsorio” se usa en el oficio divino y es la forma en la que el salmo se reduce a un pequeño verso resumido, además de que en esta cobra más importancia la respuesta del coro. Este tipo de cantilación puede ser entendida como un Ritornello o refrán. Ejemplos de este se hallan en los “Troparios” primitivos, las “Secuencias” y el jubilus, el cual se puede encontrar en las vocalizaciones del versículo que precede, en las Vísperas, al Magnificat.
  • Sacrificium: es la oración que el sacerdote celebrante dice en secreto durante la preparación del pan y el vino, en el ofertorio de la misa, preparando la eucaristía. Recibe este nombre por estar relacionada con el sacrificio de Cristo que se conmemora en esta celebración.
  • Salmo.
  • Sancta Sanctis: Canto propio de la Liturgia hispánica que se cantaba en la Misa, mientras el celebrante realizaba la ostensión y conmixtión del pan y del vino. Se trata de una invitación del celebrante a la asamblea para que se acerquen a comulgar. En las grandes solemnidades se la añadía el versículo In civitate Domini y se terminaba con la aclamación Agios.
  • Sanctus: sigue el carácter general del Prefacio, al que va postpuesto: es una alabanza de latría, y corresponde a las palabras que los ángeles tributaban a Dios en Isaías 6:3. La parte inicial se refiere también a Ap 4,8. El texto de la segunda parte, el Benedictus, está tomado del Evangelio de Mateo 21:9, en el contexto de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos. Al formar parte del Ordinario, hay muchas versiones musicales de esta pieza. Su texto latino es el siguiente: “Sanctus, Sanctus, Sancuts,/Dominus Deus, Sabaoth./Pleni sunt coeli et terra gloria tua./Hosanna in excelsis./Benedictus qui venit in nomine Domini/Hosanna in excelsis”. (Santo, Santo, Santo es el Señor,/Dios del Universo./Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria./Hosanna en el cielo./Bendito el que viene en nombre del Señor./Hosanna en el cielo.).
  • Sono: Canto propio de la Liturgia hispánica que se cantaba en las inciensaciones. Es un canto responsorial muy adornado. A veces termina con un Alleluia seguido de un larguísimo Iubilus.
  • Threni: Canto responsorial de la Liturgia hispánica que se cantaban en lugar del Psallendum en algunas ferias de Cuaresma. Se llaman así porque sus textos provienen de las Lamentaciones o Threni del profeta Jeremías. Los versículos se cantaban uno detrás de otro, no siempre realizando alternancia de coros, como en el Tractus del Rito romano.
  • Versus: es un canto propio de las liturgias cristianas que se cantaba inseparablemente unida a un himno. Tiene carácter neumático o semiadornado, análogo a las antífonas.

En cuanto a su simple estructura, podemos distinguir cinco grupos de formas musicales, comunes a casi todas las tradiciones litúrgicas cristianas:

  • La salmodia.
  • Los himnos.
  • Las lectiones.
  • Los responsorios: Las Letanías y Los responsorios breves.
  • Las antífonas. Los Alleluias.
  • Los cantos melismáticos o tropos, la mayoría de las veces desarrollados sobre las partes fijas de la Misa (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei).

 

Notación musical

Cuando, en el siglo XI, comienza la desaparición de los usos litúrgicos hispánicos, la notación que plasmaba las melodías que la acompañaban era neumática. Esta notación visigótica está directamente relacionada con el sistema de escritura de la época en tierras hispánicas, la letra visigótica, y no gozó de los adelantos de esctritura musical introducidos por Guido D’Arezzo, de tal manera, que su lectura es básicamente mnemotécnica y su interpretación actual es muy dificultosa.

Algunos códices alternan o acompañan esta notación con la aquitana, lo que aclara algunas melodías, pero la heterogeneidad de los copistas y las diversas escuelas de escritura la hacen prácticamente indescifrable.

No es sino gracias a la reforma de Cisneros como conocemos la mayoría de las melodías hispánicas, transcritas a notación gregoriana ya en el siglo XV.

Fuentes

La música propia de la liturgia hispánica se nos ha transmitido en una colección importante de manuscritos, todos ellos posteriores a la invasión árabe, aunque recogen una tradición oral que ya figura como antigua en los escritos de época visigoda. Así, la explicación que de la liturgia realiza San Isidoro de Sevilla en su obra De ecclesiasticis officiis, viene a coincidir con lo que aparece en los citados manuscritos.

Estos manuscritos pertenecen a dos tradiciones claramente diferenciadas, pertenecientes a sendas tradiciones litúrgicas con distinto desarrollo:

  • Tradición A, desarrollada en el norte de la Península, también conocida como castellano-leonesa.
  • Tradición B, desarrollada en el sur de la Península, también conocida como toledana o mozárabe, pero con probable origen en Sevilla. Tras la emigración de mozárabes al Norte, dio origen a la tradición riojana.

Las características paleográficas y codicológicas, unidas a la procedencia de los manuscritos, permiten una atribución más o menos coherente de los diversos documentos a cada tradición. Sin embargo, su datación está sometida a muchas discusiones, ya que la cronología que en ellos figura no coincide con los indicios paleográficos y resulta muy arriesgado basarse en ella.

La clasificación más cómoda de los manuscritos se basa en su contenido litúrgico y, aunque muchos son muy heterogéneos y no siempre siguen la estructura litúrgica elemental, es el sistema más ampliamente utilizado. Siguiendo los datos de Ismael Fernández de la Cuesta, los manuscritos con notación musical que han llegado hasta nosotros son, según su clasificación litúrgica, los expuestos a continuación:

Códices bíblicos

Contienen textos de la Biblia y sirvieron para la lectio de los oficios. Los pasajes más habitualmente musicados son las Lamentaciones de Jeremías.

  • Madrid, Biblioteca de la Universidad Complutense, Ms. 31, ss. IX-X.
  • Burgos, Archivo Capitular, Expusición-vitrina 3, s. X. Procedente del monasterio de Cardeña. Notación visigótica.
  • Silos, Archivo del Monasterio, s/n. Fragmentos de la Biblia del monasterio de Oña.

Liber commicus

Es el libro de las lectio para el oficio divino y la Misa. Es el propio del lector.

  • Autun, Biblioteca Municipal, 27 (s. 29), s. VII.
  • París, Biblioteca Nacional, Lat. 2269, ss. VIII-IX.
  • Toledo, Biblioteca Capitular, ms. 35.8, s. IX u XI.
  • París, Biblioteca Nacional, Nouv. Acq. Lat. 2171, concluido en 1067. Procedente del monasterio de Silos.
  • León, Archivo Capitular, 2, s. IX.
  • Madrid, Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Aemil. 22, año 1073. Procedente del monasterio de San Millán de la Cogolla.

Liber psalmarius et canticorum

Es un compendio del libro de los Salmos a los que se suman otros cánticos del Antiguo Testamento asimilados a estos. Suelen incluir las antífonas que preceden a la recitación de salmos y cánticos.

  • San Lorenzo del Escorial, Biblioteca del Monasterio, a III 5, s. X.
  • Madrid, Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Aemil. 64 bis y 64 ter, s. X. Procedente del monasterio de San Millán de la Cogolla.
  • Hacinas, Archivo Municipal, s/n, s. IX. Procedente del monasterio de Silos.

Liber hymnorum

Recogen poemas no bíblicos pero usados en la liturgia. Según san Isidoro fueron introducidos por san Hilario de Poitiers y popularizados por san Ambrosio de Milán. De la liturgia ambrosiana pasaron a la hispánica.

  • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 10.001, s. XI. Procedente de Toledo y con notación visigótica.
  • Londres, British Library, ms. add. 30.851, s. XI. Procedente del monasterio de Silos y con notación visigótica.

Liber psalmographus

Contenía oraciones relativas a los salmos y a sus antífonas. No se conserva ninguno.

Manuale

Es el libro propio del sacerdote celebrante de la misa. Contenía el ordinario de la Misa, que en el rito hispánico posee una gran variedad. Solo queda un ejemplar.

  • Toledo, Biblioteca Capitular, 35.3, s. XI o XIII.

Antiphonarium

Es el libro propio del cantor y contiene, además de las antífonas, todas las piezas cantadas en la liturgia.

  • León, Archivo Catedralicio, n.º 8, s. X. Tradición B, es el único que se conserva íntegro. Contiene todos los cantos de la Misa y del Oficio divino, el orden del calendario litúrgico y todas sus fiestas, celebraciones ordinarias y ferias. Es el códice musical más importante de la liturgia hispánica y es conocido como Antifonario de León.
  • Zaragoza, Facultad de Derecho, conocido como Libro de San Voto, s. X. Procedente del monasterio de San Juan de la Peña.
  • París, Biblioteca Nacional, Nouv. Acq. Lat. 2199, s. X. Procedente del monasterio de Silos, tradición A y con notación visigótica.
  • Londres, British Library, ms. add. 11.695, s. XI. Procedente del monasterio de Silos, tradición B y con notación visigótica. Se trata de un Beato con un fragmento del antifonario de las misas de San Román y de la 1.ª feria de Adviento.
  • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 11.556, s. XI. Procedente del monasterio de San Zoilo de Carrión, tradición B y con notación visigótica.

Liber orationum

Incluía las oraciones del Oficio catedralicio festivo.

  • Verona, Biblioteca Capitular, ms. 89, año 731. Procedente de Tarragona.
  • Londres, British Library, ms. add. 30.852, s. XI. Procedente del monasterio de Silos, tradición A y con notación visigótica.

Liber sermorum

Contienen sermones de los santos padres visigodos, para leer como homilías tras la lectura del Evangelio. No contienen música.

  • Londres, British Library, ms. add. 30.853, s. XI. Procedente del monasterio de Silos, tradición A.

Liber ordinum

Incluía las oraciones completas del Oficio divino y de los ritos sacramentales. Hay dos tipos: episcopalis o maior y sacerdotalis o minor.

  • Silos, Archivo del Monasterio, ms. 4, año 1052. Tradición A, notación visigótica y aquitana (folio 144). Es un Liber ordinum maior.
  • Silos, Archivo del Monasterio, ms. 3, año 1039. Tradición A, notación visigótica. Es un Liber ordinum minor.
  • Madrid, Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Aemil. 56, s. X. Procedente del monasterio de San Millán de la Cogolla, tradición A y notación visigótica y aquitana. Es un Liber ordinum minor.

Liber horarum

Contenía los oficios completos del Ordo monasticum.

  • Silos, Archivo del Monasterio, ms. 7, s. XI. Tradición A, notación visigótica. Es el único que se conserva completo.
  • Santiago de Compostela, Biblioteca Universitaria, res. 5, a. 1058. Conocido como Libro de las Horas de Fernando I, tradición B y notación visigótica.
  • Salamanca, Biblioteca Universitaria, ms. 2668, a. 1059. Procedente de León, tradición B y notación visigótica.
  • Londres, British Library, ms. add. 30.851, s. XI. Procedente del monasterio de Silos, tradición A y con notación visigótica.
  • Toledo, Biblioteca Capitular, ms. 33.3, s. XII o XIII. Tradición B y notación visigótica.

Liber precum

Incluye las preces de la Misa, oraciones en forma de letanía y de carácter penitencial. No se conserva ninguno independiente, sino incluidos en otros manuscritos.

  • Londres, British Library, ms. add. 30.845, s. XI. Forma parte de un Liber misticus.
  • Toledo, Biblioteca Capitular, ms. 35.5. Forma parte de un Liber misticus.

Liber mixtus o misticus

Recopilan en un solo códice formularios de los libros ya nombrados, y están encuadernados en tomos.

  • Londres, British Library, ms. add. 30.844, s. X. Procedente del monasterio de Silos, tradición A y con notación visigótica.
  • Londres, British Library, ms. add. 30.845, s. X. Procedente del monasterio de Silos, tradición A y con notación visigótica.
  • Londres, British Library, ms. add. 30.846, s. XI. Procedente del monasterio de Silos, tradición A y con notación visigótica.
  • Silos, Archivo del Monasterio, ms. 6, s. XI. Tradición A y, al final, B, notación visigótica. Es conocido como el Breviarium Gothicum.
  • Toledo, Biblioteca Capitular, ms. 35.5, s. XIII, tradición A y con notación visigótica. En este manuscrito está basada la reforma de Cisneros.
  • Toledo, Biblioteca Capitular, ms. 35.6, ss. X-XI, tradición B y con notación visigótica.
  • Toledo, Biblioteca Capitular, ms. 35.7, ss. XI-XII, tradición A y con notación visigótica.
  • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 10.110, s. XI o XII-XIII. Procedente de la catedral de Toledo, tradición B y notación visigótica.
  • Madrid, Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Aemil. 30, s. X. Procedente del monasterio de San Millán de la Cogolla, tradición A y notación visigótica.

Además de los códices citados existen numerosos fragmentos dispersos en catedrales y monasterios españoles, en Madrid (Biblioteca Nacional, Real Academia de la Historia), París (Biblioteca Nacional), Londres (British Library), Roma (Biblioteca Vaticana), Washington (Biblioteca del Congreso), etc.

Liturgia hispánica

La liturgia hispánica o rito mozárabe es la liturgia de la Iglesia católica que se consolidó en torno al siglo VI en la península Ibérica, en el Reino visigodo de Toledo, y que fue practicada en los territorios hispánicos hasta el siglo XI, tanto en áreas bajo dominio cristiano como musulmán.

Historia de la liturgia hispánica

La organización de una historia de la liturgia hispánica es muy difícil, debido a que la mayoría de las fuentes literarias pertenecen, las más antiguas, a los siglos VII y VIII, aunque la mayor parte del repertorio utilizado en Hispania y la Galia Narbonense se nos ha transmitido en códices procedentes de los siglos VIII al XII, con un importante número de copias realizadas en los talleres toledanos ya en el siglo XIV, con la consecuente pérdida de fidelidad a las notaciones musicales, que los copistas ya no conocían.

Origen de la liturgia hispánica

Se sabe poco sobre el origen y la formación de la liturgia hispánica y sobre el canto asociado a ella. Obviamente, el origen se halla en relación con la expansión del cristianismo en la península Ibérica durante los primeros siglos de nuestra era. Las provincias de Hispania figuran entre las que más pronto fueron cristianizadas en la parte occidental del Imperio romano, hecho favorecido por tres importantes factores:

  • La existencia de ricas comunidades judías antiguas, probablemente llegadas a las costas españolas en tiempos de la colonización fenicia —hecho atestiguado por las referencias al comercio con Tartessos que aparecen en la Biblia (1 Reyes, Tobías, Jonás)—, que fueron notablemente ampliadas tras el exilio de los judíos de Roma (bajo el emperador Claudio) y la diáspora producida con motivo de las guerras judaicas de los siglos I y II, bajo los emperadores Vespasiano, Tito, Domiciano y Adriano.
  • La numerosa población militar que se mantenía en el limes cántabro, caldo de cultivo para las nuevas religiones.
  • La romanización de toda la península, que hace que todo el Mediterráneo esté bien comunicado y las comunidades galileas de África y Siria sean conocidas incluso en el Norte de Hispania. Estas comunidades cristianas hispánicas apenas dejaron documentación y se consideran por ello míticas las campañas evangelizadoras de Santiago y Pedro.
  • La pronta conversión al catolicismo de los suevos (que fundan el primer reino independiente católico) en Gallaecia, ya en el siglo VI con San Martín de Braga durante el reinado del rey suevo Teodomiro.

Influencia de la liturgia sinagogal

Lo único conocido sobre las comunidades judías en Hispania en los primeros siglos de nuestra era es que la mayor parte de las antiguas comunidades permanecen fieles al judaísmo, que en Hispania tuvo desde muy pronto una organización sinagogal, y de la que derivaría posteriormente tanto el sefardismo como la cábala. Frente a ellos, parte de los recién llegados tras la destrucción de Jerusalén y las guerras judaicas se había convertido o se convertiría a la nueva religión cristiana, que en un primer momento no era sino una rama del judaísmo.

Tras el Concilio de Jerusalén y la integración de los gentiles con pleno derecho en las comunidades cristianas, estas se distancian definitivamente de las sinagogas y comienzan a desarrollar cultos propios, fundamentalmente centrados en tres aspectos:

  • La celebración del domingo en lugar del sábado judío.
  • La conmemoración de la Última Cena en los ritos eucarísticos.
  • La lectura de las Sagradas Escrituras, que, poco a poco, irían incorporando los libros del Nuevo Testamento.

Formalmente, el culto cristiano no fue al principio sustancialmente diferente del judío y fue separándose poco a poco de la liturgia judía, aunque la presencia de elementos «gentiles» era cada vez más abundante. Algunos afirman que todavía a comienzos del siglo IV no se había consumado de facto la escisión entre judíos y cristianos en la Península, y que las relaciones entre ambas comunidades eran estrechas y tenían prácticas litúrgicas comunes.

Realmente, el proceso de persecución desatada específicamente contra los cristianos bajo diversos emperadores romanos (Nerón, Vespasiano, Adriano, Septimio Severo, Decio, Diocleciano, etc.) y por los gobernantes locales, fueron factor primordial de separación entre las dos comunidades. Así aparece recogido en las actas del primer concilio cristiano conocido, el de Elvira (ciudad cercana a la actual Granada), y que se celebró hacia el año 300 o 303, previo a la gran persecución de Diocleciano. Convocado por el famoso obispo Osio de Córdoba pero bajo la presidencia del Obispo Félix de Acci (actualmente Guadix), en él se determinan las relaciones de los cristianos con el resto de las comunidades judíos, herejes y paganos y, específicamente, se alude a la celebración de la Misa y los sacramentos, transmitiendo las primeras noticias fidedignas de los ritos específicos de la Iglesia de Hispania. Durante la liturgia se producían, no muy a menudo, algún que otro sacramento hacia el dios. De todas formas, la importancia del culto sinagogal en la liturgia cristiana es patente, sobre todo, en dos aspectos:

  • La salmodia (recitación de salmos).
  • La lectio (lectura de la Biblia).

Otras aportaciones

Aparte de la liturgia judía, hubo otros factores que influyeron en la formación y configuración de la liturgia y el canto hispánicos. Entre estos cabe citar elementos prerromanos y romanos. Las diversas liturgias religiosas de la Antigüedad contenían, todas ellas, sistemas de recitación y de organización musical. La interrelación cultural que se produjo en el territorio del Imperio romano hace muy difícil distinguir unas de otras, sobre todo cuando entran en contacto cristianos de otras áreas de Oriente y Occidente. Desde luego se puede apreciar un sustrato común en las liturgias cristianas de las distintas regiones del Imperio, sobre todo entre las occidentales que nos han llegado más completas: la romano-gregoriana, la milanesa o ambrosiana y la hispánica. Este sustrato común se ve reflejado, sobre todo, en la evolución de los responsorios, cantos salmódicos de origen judío que eran silábicos y que en estas tres liturgias se convierten en melodías muy melismáticas y adornadas. Otro ejemplo es la evolución común del recitativo.

Consolidación de la liturgia hispánica

Tras la caída del Imperio romano de Occidente (476) y con la instauración en Hispania de los invasores germánicos en reinos que se convierten al cristianismo (el reino suevo en el siglo V y el reino visigodo en el siglo VI), se consolida la unidad y especificidad de la Iglesia hispana, aferrada a la tradición latina y en continua lucha con el priscilianismo, el arrianismo y el paganismo de la élite dirigente y el pueblo. De hecho, el caso español e irlandés es una excepción de desarrollo cultural en estos tiempos turbulentos; en el reino suevo los reyes organizan los concilios nacionales de Braga (el primero en 561, el segundo en 572) y Lugo (el primero en 569 y el segundo en 570). En el resto de la península la iglesia vivía al margen del Estado y en penuria debido al arrianismo de los visigodos, que se convierten al catolicismo con el rey Recaredo durante el III Concilio de Toledo en el año 587, cuando se convierte, con sus nobles visigodos, al catolicismo.

La fortaleza de la Iglesia hispana se ve reflejada tanto en su actividad conciliar (se celebraron catorce concilios nacionales en Toledo, más numerosísimos provinciales en Zaragoza, Tarragona, Cartagena, Sevilla, etc.) como en la cantidad de eruditos eclesiásticos, que van desde la monja Egeria a San Isidoro de Sevilla, pasando por personajes como Fructuoso, Martín de Braga, Leandro de Sevilla, Ildefonso de Toledo, Braulio de Zaragoza, etc.

La fijación y la riqueza de la Liturgia hispánica queda reflejada en los cánones conciliares y en los escritos eclesiásticos, especialmenteDe ecclesiasticis officiis y Regula monachorum de san Isidoro de Sevilla y las reglas de los santos Martín y Fructuoso de Braga. Definitivamente se incorpora el sistema musical grecorromano a través de las obras de Boecio, Casiodoro y Marciano Capella, popularizadas en las Etimologías de San Isidoro de Sevilla, y la organización de los distintos cantos se asume en los diversos misales, códices litúrgicos y reglas monásticas.

En este periodo cristaliza también la influencia de otras liturgias cristianas: de la ambrosiana se recoge el Himno, muchos compuestos por los padres españoles; se incorporan tradiciones, como la Schola, de la liturgia romana; y las melodías melismáticas de origen oriental se multiplican por la presencia bizantina, de más de cien años, en la costa oriental de la Península.

La iglesia mozárabe

Tras la conquista musulmana de la península Ibérica en 711, la vitalidad y originalidad de la Liturgia hispánica se ve extrañamente salvaguardada, tanto en los núcleos cristianos que quedan aislados al Norte (en Galicia el obispado de Iria Flavia, actual Padrón), como en las comunidades cristianas que permanecen bajo dominio musulmán.

Pronto, las marcas pirenaicas, asociadas a los avatares de los carolingios, van abandonando la Liturgia hispánica y adoptan modelos pregregorianos, con la implantación ya en el siglo IX del rito romano en muchas de sus iglesias. Este fenómeno no ocurre en el resto de los núcleos cristianos, fundamentalmente Navarra y Asturias, que mantienen como seña de identidad la herencia visigoda y son reacios a asimilar el rito romano, siempre asociado al poder imperial de carolingios y, posteriormente, germanos.

Aunque el dinamismo de la sociedad andalusí permite a los cristianos participar en la cultura civil asumiendo el árabe o las lenguas bereberes como lengua culta, mantienen el latín como lengua de comunicación interna y ritual, y conservan intacto el legado litúrgico y musical de la época visigoda. La progresiva presión sobre esta población cristiana provoca un creciente movimiento migratorio hacia el Norte. El traslado de esta población y la creación de nuevos asentamientos mozárabes en zona cristiana crea dos tradiciones litúrgicas que evolucionan diferentemente, y una tercera centrada en los monasterios hispánicos:

  • La tradición toledana (o B), más conservadora, en territorio musulmán. Su centro original fue, seguramente, Sevilla. Posteriormente, tras la emigración de mozárabes al Norte, se desarrolla en diversas localizaciones, principalmente en el reino de León.
  • La tradición castellano-leonesa (o A), con importantes centros en los principales monasterios mesetarios: Frómista, Silos, Sahagún; y en catedrales como León, Oviedo, Pamplona y Burgos.
  • A estas dos tradiciones litúrgicas se suma una tercera, la tradición riojana, centrada, sobre todo, en el monasterio de San Millán de la Cogolla, y que surge del «pacto monástico» establecido por los diversos grupos de monjes mozárabes que se asientan por esas tierras tras emigrar de territorio musulmán.

 

La lucha con el rito romano

A mediados del siglo XI, el rito hispánico comienza a ser suplantado por el rito romano. Los reyes de Navarra, León y Castilla facilitan la entrada de monjes bajo la regla de San Benito y se adhieren a las tesis reformistas de los papas Urbano II y Gregorio VII. La normalización de la liturgia romana frente a la hispánica comienza en los dictados del Concilio de Coyanza (1050), en el que se permite a catedrales y abadías a adoptar el canon romano. La resistencia del clero local es bastante grande, pero la situación se vuelve muy desfavorecedora bajo el reinado del emperador de las Españas Alfonso VI de León y Castilla. En 1080 convoca un concilio general de sus reinos en Burgos, y declaró oficialmente la abolición de la liturgia hispánica y su substitución por la romana. El apego de la parte femenina de la familia real leonesa a este rito hizo que la real basílica de San Isidoro de León conservara el privilegio de seguir celebrando algunas ceremonias a la antigua usanza. Sin embargo, durante la conquista de Toledo (1085), vuelve a plantearse la pervivencia del rito hispánico, ya que la población mozárabe de la ciudad se negaba a abandonarlo. La Estoria de España, crónica castellana del S. XIII, narra que ante la oposición del clero y el pueblo de Toledo se celebró un combate ordálico en el cual cada bando eligió como representante a un caballero para que decidiera la querella en combate. El rey desconoció la victoria del campeón favorable al rito hispánico y se procedió a un juicio de ordalía, en el que fueron sometidos al fuego dos ordinarios de la misa, uno hispánico y otro romano. Dice la Estoria que Alfonso VI volvió a desconocer el resultado desfavorable (pero otras crónicas que, como el misal hispánico no se quemaba, el propio rey se acercó a la hoguera y lo pateó hacia las llamas, declarando al rito romano vencedor). Finalmente, la crónica indica que el rey castellano logró imponer la nueva liturgia:

“Et desde estonces ell officio gallicano, fascas ell officio francés, tanbien en el Salterio como en las otras leendas fue allí recebido estonces en las Espannas et guardado, lo que nunqua antes fuera. Et maguer que en algunos monesterios guardaron yaquanto tiempo después el de Espanna, et el traslado del salterio aun oy se reza en algunas de las eglesias cathedrales et en los monesterios mayores: pero al común, el de Francia anda por toda la tierra, et aquel usan al común en la escriptura de las letras et en ell oficio.”

Estoria de España. Cap. 872

Efectivamente, como concesión en el pacto de conquista, seis parroquias toledanas obtuvieron permiso para conservar la antigua liturgia, y en contrapestación, el papa, con la aquiesciencia del emperador «de las gentes de las dos religiones», nombró como primer arzobispo de Toledo al cluniaciense don Bernardo. El rito hispánico se mantuvo, a partir de esta fecha, solo en las comunidades cristianas bajo dominio musulmán (los llamados mozárabes), aunque en progresiva decadencia.

Durante el resto del proceso conquistador, tanto castellano como aragonés, una de las cláusulas siempre presentes en los pactos de tregua o rendición era la renuncia del clero y del pueblo mozárabe al uso de la liturgia visigótica, por lo que los usos antiguos van desapareciendo cuando los diversos territorios son reincorporados a los reinos cristianos. Solo hubo una salvedad en la ciudad de Córdoba, reconquistada por San Fernando ya en el siglo XIII, pero la emigración de los mozárabes hacia el Norte y la repoblación subsiguiente con castellanos mesetarios, hizo que no perviviera más de cincuenta años.

La reforma de Cisneros

Con todo ello, la liturgia fue perdiendo aceptación rápidamente, y solo se conservó en la ciudad de Toledo y en la basílica de San Isidoro de León (España), en condiciones bastante precarias. Así, en pleno proceso reformador de la Iglesia de la Corona de Castilla, con el apoyo de la reina Católica, el cardenal Cisneros, arzobispo de Toledo, advierte la riqueza de la liturgia de los mozárabes y en 1495 crea una capilla en la Catedral de Toledo —la del Corpus Christi— para que se conservase la antigua liturgia, dotándola de renta para su mantenimiento y de sacerdotes del propio cabildo catedralicio. También acometió una importante labor de recopilación y ordenación litúrgica —cada parroquia celebraba la misa y los oficios de manera diferente y la tradición oral que sustentaba el canto se iba perdiendo— y reunió gran cantidad de códices procedentes de todo el reino: mandó una reconstrucción de los textos y un estudio de los recursos litúrgicos que culminó en la impresión de un nuevo misal y de un breviario. En ellos se transcribieron las melodías que aún se conservaban a la notación cuadrada: los antiguos textos que se conservaban permitieron la reconstrucción aproximada de la liturgia tal y como era en la época visigoda; sin embargo, lo mismo no pudo ser hecho con el canto.

Se conservan manuscritos de los siglos IX al XI con prácticamente todo el canto mozárabe o hispánico, pero desgraciadamente están escritos en una notación neumática que no indica los intervalos y por tanto no puede leerse. Solo 21 de la gran cantidad de cantos conservados pueden leerse, al encontrarse transcritos en la notación aquitana de un manuscrito más tardío del siglo XII. Por tanto, ni siquiera las melodías restauradas por el cardenal Cisneros son realmente auténticas, a excepción de algunos recitativos conservados por vía oral.

Últimas reformas del rito

En el siglo XVIII, el cardenal Francisco Antonio de Lorenzana, al haberse agotado los misales de la reforma de Cisneros, hizo una nueva edición, cuidada y anotada, sin pretender la modificación del texto en el cuerpo del Misal.

Pero no es hasta el siglo XX, y con la excusa de adaptar el Rito hispánico a los planteamientos del Concilio Vaticano II en su Constitución Apostólica sobre la Sagrada Liturgia, cuando se aborda una nueva revisión del Misal, que ya no solo pretendía mantener al día la celebración en Toledo, sino restaurar la pureza primitiva de los textos y del orden de celebración. El papa Juan Pablo II amplía los permisos para el uso de esta liturgia a cualquier lugar de España, donde la devoción o el interés histórico-litúrgico lo requirieran.

La revisión fue promovida por el cardenal de Toledo, Marcelo González Martín, en su doble calidad de Arzobispo de Toledo-Superior responsable del Rito y de Presidente de la Comisión de Liturgia de la Conferencia Episcopal. Se nombró una Comisión de expertos sacerdotes toledanos y de otras diócesis, así como de congregaciones religiosas, que en un trabajo de nueve años, consultando archivos y bibliotecas, manuscritos y códices publicados, lograron restituir el Misal Hispánico a su auténtica y genuina pureza, eliminando las adherencias que se habían agregado a través de los siglos e incorporando lo que se había perdido en Leccionarios, fiestas de algunos santos, etc.

En 1992 fue presentado el primer volumen del Nuevo Misal Hispano-Mozárabe al papa Juan Pablo II, quien celebró la Santa Misa en este Rito, el 28 de mayo de 1992, solemnidad de la Ascensión del Señor, convirtiéndose en el primer papa que lo utilizaba en Roma.

Estructuras litúrgicas

Las diversas tradiciones litúrgicas hispánicas (la A, castellano-leonesa, y la B, toledana y riojana) son perceptibles en el orden de los elementos litúrgicos dentro de sus estructuras, más que en su esquema general. Esto quiere decir que la Liturgia hispánica, pese a sus diversas manifestaciones regionales, mantiene una fuerte unidad estructural, comparable a la del rito romano. De todas maneras, esta variedad dentro de la diversidad no es evidente, ya que los diversos manuscritos nos transmiten solo las piezas que se creen necesarias, omitiendo las que se cantan todos los días (solo conocidas gracias a la tradición oral toledana, recogida en la reforma de Cisneros) y los recitativos. Además, aunque el corpus litúrgico tiene un carácter cerrado, en la mayoría de los lugares se mantienen costumbres devocionales propias, que fueron reflejadas por los copistas.

Aun así, podemos distinguir claramente, en primer lugar, la Misa, universal e idéntica para todas las iglesias y monasterios, y el oficio divino, rezo particular y distintivo para cada iglesia episcopal —ordo cathedralis— y cada monasterio —ordo monasticus—. Este hecho está reflejado desde muy pronto: el I Concilio de Braga (561 ó 563) distingue claramente los dos ordina y prohíbe su mezcla; el XI Concilio de Toledo incluye la Misa como una hora canónica más dentro del ordo cathedralis, y común con el ordo monasticus.

La misa hispánica

La Santa Misa, como en el resto de los ritos cristianos, consta de dos partes: la liturgia de la Palabra (compuesta por lecturas y cantos) y la liturgia Eucarística (compuesta por oraciones y ritos). El esquema primigenio, y que más o menos ha mantenido la reforma del rito que se hizo bajo el patrocinio de Cisneros, es el que sigue:

Liturgia de la Palabra.

  • Prelegendum.
  • Gloria in excelsis.
  • Graecum.
  • Oración.
  • Lectura del Antiguo Testamento.
  • Benedictiones.
  • Psallendum y, en Cuaresma, los Threni.
  • Clamores.
  • Apostolus.
  • Procesión del Evangelio.
  • Evangelium.
  • Homilía.
  • Laudes vel Alleluia.

Liturgia Eucarística

  • Ofertorio.
    • Preces.
    • Sacrificium.
    • Oratio admonitionis.
    • Aclamación Agios.
    • Oración.
    • Alia (oración variable).
    • Díptica (recuerdo de los santos, los difuntos y los oferentes).
    • Oración Post nomina.

Rito de la Paz.

  • Oración Ad pacem.
  • Bendición del celebrante.
  • Invitación a la Paz.
  • Canto Ad pacem.
  • Inlatio. Oración de conexión con el Sanctus.
  • Ad Sanctus. Responsorio que introduce el Sanctus. Solo se cantaba en grandes solemnidades.
  • Aclamación y Sanctus.
  • Oración Post Sanctus.
  • Rito de la Consagración.
  • Oración Post pridie (variable).
  • Doxología: elevación y ostensión de la Hostia.

Fracción del Pan.

  • Ad confractionem panis. Antífona que se cantaba en el momento de la fraccón del pan. Originariamente tenía forma responsorial, pero perdió el verso, quedando el cuerpo del responsorio como una antífona adornada y larga.
  • Fracción del Pan.
  • Credo. Precedido de una invitación, fue introducido en la Misa hispánica mucho antes que en la romana, por influencia de la liturgia bizantina. Todos los artículos eran cantados con una misma fórmula responsorial.
  • Ad orationem dominicam. Introducción al Padre Nuestro.
  • Pater Noster.
  • Canto Sancta Sanctis.
  • Bendición sacerdotal.
  • Canto Ad accedentes.
  • Canto Repletum o Refecti.
  • Oración Completuria.

Despedida.

  • Moniciones y avisos. Solemnia completa sunt (‘las solemnidades han concluido’).

 

Celebraciones de la misa hispánica en la actualidad

  • La Misa en este venerable rito se celebra diariamente en la Catedral Primada de Toledo en lengua latina, y en la parroquia de las Santas Justa y Rufina.
  • Se celebra una vez al mes en el Convento de Clarisas de Nuestra Señora de La Esperanza de Alcalá de Henares. Suele ser organizado por el Seminario Diocesano deAlcalá de Henares.
  • En la pequeña Basílica visigoda de San Juan de Baños de Cerrato (Palencia), una de las iglesias más antiguas de la península (levantada en el siglo VII), tiene lugar cada año la celebración de una misa en rito hispano-mozárabe dentro de las fiestas de San Juan Bautista.
  • El Convento de Clarisas de la Inmaculada y San Pascual de Madrid acogía una celebración semanal. Ahora la sede del culto hispano en Madrid se ha trasladado a la Basílica de la Concepción de Ntra Sra c/ Gaya 26. El culto es semanal (martes 19:00 h). En Madrid se celebran con especial solemnidad la fiesta del 2 de enero In Caput anni y la fiesta de la Virgen del 18 de diciembre. También diversos Lucernarios gracias a la Asociación “Gothia”.
  • En la capilla de San Salvador de la catedral vieja de Salamanca se celebra la misa en este rito el primer domingo de Adviento y el primer domingo de Cuaresma.
  • En la Iglesia Arciprestal de San Pedro y San Ildefonso, de Zamora, en las celebraciones de la Real Cofradía de Caballeros Cubicularios.
  • En la ermita de San Isidro de Madrid con motivo de su festividad el 15 de mayo y en otras ocasiones solemnes como son la Fiesta del Icono el 21 de noviembre.
  • En el monasterio asturiano de El Salvador de Valdedios la misa se celebraba un sábado al mes.
  • La basílica real de San Isidoro de León tiene el privilegio de celebrar con el rito mozárabe una vez al año, el 18 de diciembre. Asimismo, suelen celebrarse con este rito las misas anuales en memoria de los Reyes de León, y otras celebraciones especiales (por ejemplo, por la inauguración de curso académico en la Universidad de León.
  • En la Iglesia de San Vicente de la Roqueta de Valencia se celebra en la tarde de la festividad de San Vicente Mártir, el 22 de enero. En fechas próximas tiene lugar también la celebración de la misa en este rito en la capilla visigoda de la Cárcel de San Vicente, cercana a la Catedral de Valencia.
  • En la Iglesia de San Ildefonso de Jaén se celebran anualmente dos misas en este rito, el 23 de enero (festividad de San Ildefonso) y el 18 de diciembre (festividad de Santa María).
  • Se celebra también en el monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos (Burgos).
  • En la Catedral de Pamplona se celebra Misa por este rito el 18 de diciembre.
  • Ocasionalmente se celebran misas hispano-mozárabes en muchos otros lugares de España.
  • Es una de las fuentes en las que se basa el oficio de la Santa Cena de la Iglesia Española Reformada Episcopal (Comunión Anglicana en España).

 

El ordo cathedralis

Son las oraciones litúrgicas que, públicamente, se hacían en las iglesias y que, según el I Concilio de Toledo, debían rezar diariamente los clérigos. En principio, este oficio estaba compuesto por la oración de la mañana o Matutinum, y la de la Tarde o Vesperum. El XI Concilio de Toledo incluye la Santa Misa como una hora canónica más, e indica que los clérigos deben rezar también las horas Tertia, Sexta y Nona del Officium monasticum.

Officium matutinum

  • Matutinum ferial.
    • Salmo 3.
    • Missa.
    • Responsorium.
    • Salmo 50.
    • Canto profético (tradición B).
    • Salmo matutinario.
    • Salmo Laudate y antífona.
    • Lectio.
    • Himno.
    • Versus.
    • Supplicatio litaniae (tradición B).
    • Oración Completuria.
    • Pater Noster.
    • Petición (tradición B).
    • Bendición (tradición A).
  • Matutinum dominical.
    • Himno Aeterne rerum conditor y antífona.
    • Salmo 3 y antífona.
    • Salmo 50 y antífona.
    • Salmo 56 y antífona.
    • Oraciones de los salmos 3, 50 y 56.
    • Missa (tradición A).
    • Lectio.
    • Responsorio.
    • Canto profético, con antífona y oración.
    • Benedictiones.
    • Sono.
    • Salmo Laudate y antífona.
    • Lectio de las Sagradas Escrituras.
    • Te Deum.
    • Versus (tradición A).
    • Supplicatio litaniae (tradición B).
    • Oración Completuria.
    • Petición.
    • Psallendum.
    • Oración.
  • Matutinum festivo.
    • Salmo 3 y antífona.
    • Missa (tradición A).
    • Lectio de textos de los Santos Padres o de vidas de mártires.
    • Responsorio.
    • Oración.
    • Salmo 50 y antífona.
    • Canto profético, con antífona y oración (tradición B)
    • Benedictiones.
    • Sono.
    • Salmo Laudate y antífona.
    • Lectio de las Sagradas Escrituras.
    • Himno.
    • Versus (tradición A).
    • Supplicatio litaniae (tradición B).
    • Oración Completuria.
    • Petición (tradición B).
    • Bendición (tradición A).
    • Psallendum.
    • Oración.

Officium vespertinum

El Vesperum hispánico corresponde a las vísperas romanas y tiene como precedente la oración sinagogal de la tarde. El acto está basado en la ritualización del simbolismo luz-tinieblas, y su esquema es como sigue:

  • Rito de la Luz.
    • Encendido de la lámpara por el diácono.
    • Canto Vespertinum.
    • Oración (tradición B).
    • Sono.
  • Salmodia.
    • Antífona y su salmo.
    • Alleluiaticum.
    • Himno.
    • Versus (tradición A).
  • Conclusión.
    • Supplicatio litaniae y Kyrie Eleison.
    • Oración Completuria.
    • Canto profético, con antífona y oración (tradición B)
    • Pater Noster.
    • Petición (tradición B).
    • Bendición.
  • Procesión.
    • Psallendum.
    • Oración (tradición B).

 

El Ordo monasticus

La liturgia practicada en los monasterios hispánicos tiene un planteamiento que obedece al principio de universa laus (oración continua), que todo monje habría de practicar. La imposibilidad de estar continuamente alabando a Dios en comunidad impuso la organización de las oraciones comunes en las diversas horas canónicas (horas y vigilias), en las que los romanos dividían el día y la noche. Así, aunque originariamente la oración monástica consistía en el rezo diario e ininterrumpido de los ciento cincuenta salmos bíblicos, poco a poco se fue limitando a los momentos más importantes del horario civil: se establece la oración cada tres horas durante el día, y, para no tener que despertarse tres veces durante la noche, se unieron las vigilias en una sola oración (nocturnos). De esta manera queda organizado el horario de rezo de la siguiente manera:

  • Ad vesperum (Hora canónica mayor). Al anochecer.
  • Ad nocturnos (Hora canónica mayor). A media noche.
  • Ad matutinum (Hora canónica mayor). Al amanecer.
  • Ad tertiam (Hora canónica menor). A media mañana.
  • Ad sextam (Hora canónica menor). Al mediodía (meridie).
  • Ad nonam (Hora canónica menor). A media tarde.

Las horas mayores, salvo los nocturnos, tienen un esquema similar al Ordo cathedralis (véase más arriba), por lo que, a continuación aparece el esquema básico del desarrollo de las horas menores y de los nocturnos.

Las horas menores

Existen dos variantes de rezo de las horas menores, según las dos tradiciones litúrgicas hispánicas, aunque las fórmulas -antífonas, alleluiaticum, responsorios, himnos, etc.- no difieren entre ellas.

  • Tradición A.
    • Responsorio (salvo en la hora nona).
    • Antífona 1, con salmo, versículo (si es domingo) y oración.
    • Antífona 2, con salmo, versículo (si es domingo) y oración.
    • Antífona 3, con salmo, versículo (si es domingo) y oración.
    • Preces.
    • Lectio.
    • Himno.
    • Oración Completuria.
    • Pater Noster.
  • Tradición B.
    • Lectio del Antiguo Testamento.
    • Antífona 1, con salmo y oración.
    • Antífona 2, con salmo y oración.
    • Antífona 3, con salmo.
    • Responsorio.
    • Laudes o Alleluia, si no es cuaresma.
    • Preces.
    • Himno.
    • Oración Completuria.
    • Pater Noster.

Los nocturnos

Los oficios de la noche tenían una estructura más complicada y estable. Equivalen a las Completas del Rito romano. Si originariamente eran tres (como el número de vigilias de la noche), la Liturgia hispánica los refunde en un solo oficio, aunque, más tarde, la severidad de los monjes visigóticos reinstauró el triple rezo organizado de la siguiente manera:

  • Peculiaris vigilia ad medium noctis, unas horas antes del rezo nocturno.
  • Ordo ad Nocturnos, el oficio de la noche propiamente dicho.
  • Ordo peculiaris post Nocturnos, tres horas después.

La estructura del Ordo ad Nocturnos era la siguiente:

  • Antífona única para los tres salmos canónicos (3, 50 y 56) y oración.
  • Missa 1: grupo de salmos cantados sin antífonas.
  • Responsorio.
  • Missa 2.
  • Responsorio.
  • Missa 3.
  • Responsorio.
  • Missa de cánticos sin antífonas ni oraciones.
  • Responsorio.
  • Lectio breve del Antiguo Testamento.
  • Lectio breve del Nuevo Testamento.
  • Laudes o Alleluia con un versículo.
  • Himno.
  • Clamores.
  • Suplicatio. Canto litánico en forma responsorial y con carácter penitencial.
  • Oración Completuria.
  • Pater Noster.
  • Bendición.
  • Miserationes. Canto en forma responsorial.
  • Oración final.

Trabajando en favor del rescate y la difusión del patrimonio musical español e hispanoamericano desde sus orígenes hasta nuestros días.

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